Clío en el espejo

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Algo de estudio histórico: La naturaleza humana de los indígenas y la Conquista de América


Valoración crítica del proceso de Conquista de América y el papel de la naturaleza humana de los indígenas
 
     La búsqueda de elementos de legitimación de la conquista española se fundamentó en el aspecto religioso desde sus inicios. De tal forma que, comenzando por las bulas Inter Coetera del Papa Alejandro VI en el año 1493 para otorgar posesión y autoridad a la Corona española en los territorios descubiertos en los viajes transoceánicos, se desarrolló todo un proceso de legitimación jurídica de la conquista de los territorios de las Indias Occidentales basado en el derecho canónico; incluso tal es así que en la Recopilación de Indias aparecida en 1680 se incluye la Bula Inter Coetera de Alejandro VI[1]. Por ello, al presentarse diatribas referidas a la legitimidad de la praxis en el proceso de Conquista, se buscaban basamentos teológicos que la sustentaran. De hecho, la labor de evangelización constituyó un punto de importancia primordial para la definición de la legitimidad de la conquista[2], legitimidad otorgada a los Reyes Católicos por medio del Papa quién recibe la potestad de Cristo.
     El caso de la consideración de la naturaleza humana de los aborígenes habitantes de los territorios descubiertos en las Indias Occidentales resulta un caso paradigmático en la búsqueda de legitimación del proceso de conquista por medio de la imposición armada. Aunque incluso en la primera bula Inter Coetera del Papa Alejandro VI se consideró a los aborígenes como humanos y capaces de recibir la fe al mencionar en dicha bula respecto a los territorios descubiertos por Colón
           “...en las cuales vive una inmensa cantidad de gente que según se afirma van desnudos y no comen carne y que -según pueden opinar vuestros enviados- creen que en los cielos existe un solo Dios creador, y parecen suficientemente aptos para abrazar la fe católica y para ser imbuidos en las buenas costumbres, y se tiene la esperanza de que si se los instruye se introduciría fácilmente en dichas islas y tierras el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo”(Alejandro VI:[Sin Fecha]:[Sin página]),

se buscó caracterizar al aborigen americano como carente de racionalidad para poder, buscando referencias en el pensamiento escolástico medieval heredero de la filosofía aristotélica, establecer dicha falta de racionalidad –fundamentada en la exageración y caracterización de innaturales a las prácticas de los aborígenes americanos[3]- como un punto determinante de la imposibilidad del indígena para gobernarse y tener posesiones y además de su incapacidad para aceptar el evangelio y convertirse al cristianismo por lo cual, entonces, los conquistadores cristianos tendrían legítimo derecho a imponérseles por las armas.
 
     En este sentido, se generaron amplios debates y análisis que venían a definir la caracterización o no como humano del indígena[4], basados en la supuesta inferioridad cultural de los nativos americanos con respecto a los conquistadores españoles. Por ejemplo, los dominicos Juan Garcés y Francisco de Vitoria[5] argumentan basados en posturas teológicas para concluir que, pese a su salvajismo y barbarie, los nativos americanos eran tan humanos como los españoles. En 1537, el Papa Pío III en la bula Sublimis Deus, establece la naturaleza humana del aborigen americano al referir “...consideramos que los indios son hombres verdaderos y que no sólo son capaces de recibir la fe cristiana, sino que, de acuerdo con nuestras informaciones, están extremadamente deseosos de recibirla ”(Hanke,1968:347).
 
     No obstante, las diatribas sobre la naturaleza humana del aborigen americano y la legitimidad de la conquista armada seguían suscitándose. Así, Bartolomé de Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda[6] protagonizan una fuerte confrontación en el año de 1550 –conocida como la disputa de Valladolid- en aras de determinar la naturaleza humana o no humana del aborigen americano, el derecho de guerra y buscar definir un mecanismo justo para el proceso de conquista[7], aún cuando ya había pasado trece (13) años de la especificación de la humanidad del aborigen americano en la bula Sublimis Deus del Papa Pío III, y que incluso, tenía su antecedente en las Leyes de Burgos promulgadas en 1512 donde se prohibía la caracterización como animal del aborigen americano e incluso en la misma bula Inter Coetera de Alejandro VI en 1493.
 
     Para De Las Casas el objetivo era obtener justicia para el indio promoviendo su postulado de que “los aborígenes eran seres humanos con los mismos derechos esenciales que los españoles”(Hanke,1968:349), mientras que Ginés de Sepúlveda, basado en la doctrina aristotélica de la sumisión del inferior al superior, buscaba demostrar “la inferioridad y la rudeza natural” (Hanke,1968:352) del aborigen americano.
 
     Dicha disputa no se decantó por ninguno de los dos bandos y da cuentas, una vez más, de que en definitiva la posición de los conquistadores venidos a América buscaba favorecer sus privilegios a través de los medios de legitimación de la conquista, sin tener ningún interés por los del aborigen, y no acataban las resoluciones emanadas de las leyes y decretos impuestos por la Corona[8], y aún cuando -como se mencionó previamente- la Iglesia consideró al aborigen como humano desde los mismos inicios de la Conquista, buscaban apoyarse en propuestas que los favorecieran más en su empresa de conquista y dominio sobre el nativo americano, y apoyaban y llevaban a la praxis propuestas como las de Sepúlveda referidas a la naturaleza esclava del aborigen, propuesta que
 
      “...colonizadores y oficiales la había aceptado gratamente y la había aplicado convenientemente desde las costas de Florida hasta las montañas del lejano Chile. La idea de que otro hiciera las labores físicas del mundo atraía grandemente al español del siglo XVl, cuyo gusto por la gloria militar y por la conquista religiosa y el disgusto por el trabajo les venía de sus antepasados...Y cuando esta idea se enlazaba a la otra de que los seres inferiores se beneficiaban, en efecto, con la labor que realizaban, la proposición se tornaba extremadamente atrayente”(Hanke:1968,350).
 
BIBLIOGRAFÍA COSULTADA 

KONETZKE, Richard. América Latina. La época colonial. Madrid. Siglo XXI, 1971.

HANKE, Lewis. La conquista y la Cruz. En: HANKE, Lewis. Estudios sobre Fray Bartolomé De Las Casas y sobre la lucha por la justicia en la conquista esañola de América. Caracas. Ediciones de la Biblioteca UCV. 1968. pp. 339-428

LAFAYETE, Jacques. Los conquistadores. México. Siglo XXI Editores. 1970. pp. 242. 

LIPSCHUTZ, Alejandro. El problema racial en la en la conquista de América. México. Siglo XXI Editores. 1975. pp. 318.

López de Palacios y Rubios, Juan. De las Islas del mar Océano. México. Fondo de Cultura Económica, 1954.

MAHN-LOT, Marianne. Una aproximación histórica a la conquista de América española. Barcelona. Ediciones Oikos-Tau, S.A. 1977. pp. 133. 

PAPA ALEJANDRO VI. La primera bula Inter. Coetera de Alejandro VI (3 de mayo de 1493). Consultada en línea en noviembre 2008 desde: Servidor Franciscano del Sur. En: http://www.franciscanos.net/500anos/La%20primera%20bula%20Inter%20coetera%20Alejandro%20VI.htm

PAPA ALEJANDRO VI. La segunda bula Inter. Coetera de Alejandro VI (4 de mayo de 1493). Consultada en línea en noviembre 2008 desde: Servidor Franciscano del Sur. En: http://www.franciscanos.net/500anos/La%20segunda%20bula%20Inter%20coetera%20Alejandro%20VI.htm

Recopilación de las leyes de los Reynos de las Indias (3 Vol.). Madrid. 1791, pp. 660.



[1] La referencia a la bula del Papa Alejandro VI se encuentra en la  Ley 14, título 12, Libro IV de la Recopilación de Indias. En: Recopilación de las leyes de los Reynos de las Indias (3 Vol.). Madrid. 1791, pp. 660. Aunque el poder delegado por la Iglesia venía a ser un poder espiritual, los españoles lo tomaron también como un poder temporal o terrenal.
[2] Los conquistadores tenían la misión de promover la evangelización de los nativos americanos y buscar su conversión a la fe católica, era una conquista también de carácter espiritual.
[3] Como refiere Konetzke, para caracterizar al indio como inferior se “..llevó a pintar con los colores más sombríos la índole y costumbres de los indios... Se discutía incluso que fueran seres racionales, se les caracterizaba como animales que hablaban”(Konetzke,1971:30)
[4] Refiere Jacques Lafayete que “el argumento de la inhumanidad de los indios jamás fue tomada en serio por los teólogos”(Lafayete,1970:86). No obstante, se buscaba atribuir al indígena un carácter inferior a del ser humano español en aras de legitimar la guerra.
[5] Si bien Vitoria considera de naturaleza humana al aborigen americano “admite un “título” de “justa guerra” en el Nuevo Mundo: hacer cesar los graves pecados contra el orden natural: sodomía, antropofagia, sacrificios humanos.  Esto justificaría una especia de protectorado del rey de España” (Mahn-Lot,1977:113). Esta suerte de protectorado también fue propuesto por López de Palacios Rubios en su Tratado de De las Islas del Mar del Océano, al igual que en el Requerimiento. Así refiere en el Tratado mecionado: “...si los infieles no quisieren recibir a los predicadores de la fe, será lícito recurrir a las armas y a la guerra hasta que los admitan”(López,1954:37)
[6] Este cronista escribió un tratado llamado De las justas causas de la guerra contra los indios, en busca de legitimar la lucha con armas contra los aborígenes americanos.
[7] Según refiere Hanke, Carlos V, decidió en ese año de 1550 que se definiera un método justo para llevar a cabo el proceso de conquista, debido a una solicitud del Consejo de Indias del año 1549 donde se daba cuentas de los peligros contra el indio y para la Corona misma que estaba entrañando la forma en que se realizaba el proceso de Conquista por lo que indicó el Consejo “...Sería conveniente que Su Majestad convocara una asamblea de letrados, teólogos y juristas...para...considerar el modo en que estas conquistas se debería llevar a cabo...justamente y con tranquilidad de conciencia ”(Hanke,XXX:350)
[8] Se daba el fenómeno de “Se acata pero no se cumple” que caracterizó el marco legal en las colonias de América, que significaba que se reconocía el mandato del rey -el cual se leía en voz alta sea por el virrey o alguna otra autoridad-, pero sus leyes tenían poco impacto en la praxis.

Realizado por: Mery Pérez
 
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photo credit: El Bibliomata via photopin cc

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