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Apuntes sobre la idea de progreso (3): La teoría liberal de Progreso de la modernidad como norma que dirige y hace inteligible el orden social


Parte III: Fundamentos de la idea de progreso

"Nadie puede usar la palabra progreso si no tiene un credo definido y un férreo código moral… Porque la misma palabra "progreso" indica una dirección; y en el mismo momento en que, por poco que sea, dudamos respecto a la dirección, pasamos a dudar en el mismo grado del progreso." Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.

Si bien la idea de progreso puede considerarse tan vetusta como la historia de la humanidad, el nacimiento de la idea occidental racional de Progreso puede ubicarse a mediados del siglo XVIII, enmarcada dentro del desarrollo de la Ilustración y de la sociedad burguesa, unida a una comprensión del devenir temporal y de la historia que supera la noción ofrecida por el cristianismo y se encuentra sustentada en la razón. El ideal cristiano del logro de felicidad futura en la vida eterna desaparece de la conciencia de la modernidad racional, pero se mantiene la esperanza de un futuro feliz indeterminado pero de progreso lineal e ilimitado, de allí su indeterminación.

    Por supuesto, en todo Occidente, desde los griegos, existió la concepción de progreso, la noción de tránsito de la barbarie hacia la civilización, de crecimiento espiritual, científico y/o económico. Pero no fue sino entre los siglos XVII y XVIII que se desarrollaron muchos de los elementos noveles que configuran la confianza o fe en el progreso: la noción de que los individuos tienden inevitablemente a buscar su propia mejora, la confianza en que el progreso es un proceso insoslayable, la seguridad de que el mundo occidental y contemporáneo es mejor y mucho más avanzado que las sociedades previas -al menos desde el punto de vista científico e industrial-, y el arraigo de esa noción de progreso compartida por copiosos grupos sociales de influencia. Así, renombrados pensadores europeos fundaron los cimientos para la argumentación de la noción de progreso del siglo XVIII, al asegurar que el conocimiento, la ciencia y sus aplicaciones avanzan en forma ilimitada y requerida. Pensadores como Turgot y Condorcet en Francia, Adam Smith en Inglaterra, y Kant en Alemania, entre otros, continuaron desarrollando estas ideas. Se desarrolla así una completa filosofía, a partir de la verificación del progreso de la ciencia y de la búsqueda del bienestar, que asegura que en la sociedad existen los mecanismos que dan garantía del triunfo del progreso.

    El vocablo progreso, entonces, involucra elementos diversos: el avance de la ciencia, la tecnología y el conocimiento en general, la sociedad industrializada, el dominio técnico de la naturaleza, la urbanización, la evolución social representada por los avances de la Europa decimonónica como civilización ideal que entraña el progresivo advenimiento de una sociedad capitalista, el progreso en el mundo animal y vegetal y, también, en lo que se refiere al ser humano, la idea de la perfectibilidad de la humanidad, donde dicha idea de progreso como categoría clave decimonónica, implica la existencia de un sentido de mejora en la condición humana de forma lineal, insoslayable e irreversible. Así los ideales filosóficos de la historia de escritores como Turgot, Voltaire y Condorcet, se basaron en esta idea de progreso indefinido de la humanidad. Algunas de las más importantes visiones de la historia que se presentaban optimistas y confiaban en el progreso social fueron los análisis de Condorcet sobre la inteligibilidad de las diversas fases del progreso de la humanidad, o el positivismo evolucionista de Augusto Comte. De hecho el positivismo ubica la idea de progreso en el pináculo del pensamiento occidental. El ser humano sería concebido como perfectible, capaz de desarrollarse indefinidamente mediante una correcta educación, mediante su capacidad de  raciocinio. Así, a partir del siglo XIX, la concepción del progreso, como secularización de la gracia divina, se relacionó con el desarrollo de la razón humana en un proceso indefinido de perfectibilidad infinita, tal como las potencialidades infinitas de esa razón.

Según desarrolla Nisbet en su texto sobre la historia de ideal de progreso, ésta posee un conjunto de elementos fundamentales, todos compuestos de una carga de, digamos, confianza en o fe en, que definen a la noción de progreso a lo largo de su desarrollo histórico:

         Fe en la importancia del pasado.

         Seguridad de que la civilización occidental es superior a todas.

  Aceptación de la importancia del crecimiento económico y de los adelantos tecnológicos.

         Fe en la razón y en la ciencia.

         Fe en la gran relevancia intrínseca de la vida en el universo.

De acuerdo al ideal de progreso, incluso aquellos mecanismos que pueden considerarse frenos al progreso tales como el mal, la lucha entre los seres humanos, la competencia en el área económica, los conflictos entre culturas, las catástrofes naturales, etc., forman parte de los mecanismos que finalmente producirán un resultado cónsono para el progreso. Y por ello, los promotores del progreso –y sus críticos- también comprendieron y señalaron sus contradicciones.

 

Fuentes indicadas en: http://clioenelespejo.blogspot.com/2020/07/la-teoria-liberal-de-progreso-de-la.html

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Apuntes sobre la idea de progreso (2): La teoría liberal de Progreso de la modernidad como norma que dirige y hace inteligible el orden social



PARTE II: Características y restricciones del liberalismo


"La máquina ha venido a calentar el estómago del hombre pero ha enfriado su corazónMiguel Delibes (1920-2010) Escritor español.


I-A. Características del liberalismo

El radical redimensionamiento de los parámetros que estructuraban la civilización occidental desembocó en el surgimiento de la llamada modernidad[2] y definió los procesos políticos que la definieron. Así, el liberalismo[3] político configuró la organización del Estado durante el siglo XIX, y para lograr modificar y consolidar ese sistema de gobierno liberal, era necesario desarrollar una profunda crítica y transformación social y económica, de modo que todos los individuos tuvieran las mismas oportunidades y capacidades de acción, por lo que la arista política del liberalismo se sirve de sus otras aristas, la económica y la social. 

El liberalismo, padre de la teoría del progreso, constituye una corriente de pensamiento -tanto filosófico como económico- y de accionar político que propone maximizar la limitación de la influencia del Estado en el desenvolvimiento social. Definir estrictamente el liberalismo resulta complejo toda vez que -en referencia al mismo-:

se han dado diversas definiciones. Se ha dicho que era un método, un partido, un arte de gobierno o una forma de organización estatal. Estas concepciones no se excluyen sino que se complementan, ya que cada una de ellas expresa un aspecto particular del espíritu liberal. Se puede, pues, intentar exponerlo según un orden progresivo, teniendo en cuenta su complejidad creciente”[4]

 

Así, el ideario liberal, como sustentador de “el hecho de la libertad”[5], promueve:[6]

 

         La defensa de la economía de mercado –o libre empresa-; y en general, el libre tránsito de personas, bienes y capitales.

         El establecimiento de un Estado de Derecho, en el que todos los miembros de la sociedad –incluidos los dirigentes- estén sometidos al mismo marco mínimo de leyes instituidas[7], como normas jurídicas -de derecho civil, penal o mercantil- abstractas y de aplicación general e igual a todos.

         Apoya la minimización de la influencia gubernamental a su menor influjo necesario para la definición y defensa de forma adecuada del derecho a la vida y a la propiedad privada, al cumplimiento de las promesas y contratos, como característica del Estado de Derecho.

         Impulsa la limitación y control del gasto público, el principio del presupuesto equilibrado y el mantenimiento de un nivel reducido de impuestos; propone la instauración de un sistema estricto de separación de poderes políticos (Legislativo, Ejecutivo y Judicial –como estipuló Montesquieu-) que evite cualquier intento de tiranía;

         El principio de autodeterminación, por el cual cualquier grupo social esté en la capacidad de poder elegir libremente qué tipo de organización política desea formar o a qué Estado desea o no adscribirse.

         La idea de la representación política como fundamento de la legitimidad mediante la utilización, v.g., de procedimientos democráticos para elegir a los gobernantes, sin que la democracia se utilice, en ningún caso, como coartada para justificar la violación del Estado de Derecho ni la coacción a las minorías, de hecho, la democracia[8] no constituye desde el punto de vista clásico una condición para el Estado liberal, pues éste restringe mayormente el manejo del gobierno a una clase privilegiada.

         Una vocación laica, secularizadora e incluso anticlerical.

 

En definitiva, el liberalismo fomenta la instauración de un orden mundial fundamentado en la paz y en el libre comercio voluntario entre todas las naciones de la Tierra, con el soporte de los valores éticos de los distintos actores.

Estos principios básicos liberales constituyen los pilares de la civilización occidental y su creación, articulación, desarrollo y perfeccionamiento constituyen uno de los logros más importantes en la historia del pensamiento del género humano, toda vez que se han establecido en normas que definen y rigen la compresión del orden de la sociedad occidental. Aunque tradicionalmente se afirma que la doctrina liberal[9] tiene su génesis en el pensamiento de la Escuela Escocesa del siglo XVIII con pensadores como Adam Smith, o en el ideario de la Revolución francesa, lo cierto es que tal origen puede remontarse incluso hasta la tradición más clásica del pensamiento filosófico griego y de la ciencia jurídica romana, toda vez que la libertad, hecho primordial que es reconocido y fomentado por el liberalismo, es un bien deseado y promovido por el género humano desde su génesis.

 

I-A-b Restricciones del liberalismo

    El liberalismo en teoría debería funcionar y ser la mejor forma para desarrollarse en sociedad en total libertad, pero desafortunadamente en la práctica puede llegar a fallar porque da énfasis al desarrollo individual e igual depende del carácter moral de los involucrados para que funcione, lo cual muchas veces deja mucho que desear, por ello la idea liberal de restringir el poder a una clase capacitada considerada la más proba y no a quienes decida la mayoría. Desafortunadamente parece que existen pocos verdaderos liberales y cuando de poder y beneficio propio se trata la gran mayoría pierde su probidad. Termina siendo el propio individuo quien en un liberalismo sesgado, lo lleva a fracasar.

NOTAS DEL ARTÍCULO:

[2]              La modernidad de hecho está estrechamente relacionada con el ideal de progreso en tanto que éste reafirma el triunfo de la Razón, y, de acuerdo a la convencional periodización adoptada por las diferentes historias europeas, la Modernidad corresponde al período histórico que surge en Europa en la segunda mitad del siglo XV y cuyo contenido involucra la visión filosófica que ofrece la posibilidad de aprehender el mundo a través de la razón y de la ciencia y que definió el proyecto de desarrollo de la sociedad europea desde el Renacimiento (siglos XIV al XVI).

[3]              Siendo el liberalismo el padre de la teoría del progreso. De hecho, lo que se analiza en este trabajo de investigación es, más específicamente, la idea de progreso liberal y cómo fue concebido en de la Constitución de 1830.

[4]              Guido de Ruggiero. Historia del liberalismo europeo. p. 355.

[5]              Ídem.

[6]              Las características esbozadas se extraen de lo expresado en referencia al liberalismo en las distintas fuentes consultadas y particularmente las referidas a la historia del liberalismo, entre ellas, la obra de Guido de Ruggiero, Historia del liberalismo europeo; la página web sobre liberalismo www.liberalismo.org, el texto Historia del pensamiento social, de Salvador Giner y la obra de Adam Smith, Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones[ver bibliografía]. Estas características indicadas serán delimitadas y analizadas en el análisis del discurso en torno a la noción de progreso en la Constitución de 1830.

[7]              Según refiere Wallerstein en su texto en las páginas 19 y 20 siendo el liberalismo “la ideología natural del cambio normal”, tenía como agenda política “una reforma legislativa que indujera, canalizara y facilitara el ‘cambio normal’” [cursivas nuestras]. Como se mencionó en la introducción, los políticos en Venezuela manejaron la concepción de los ideólogos de la Revolución Francesa en cuanto a que un pueblo podía transformarse a punta de decretos, con sólo constituciones de papel y no con la implantación efectiva, y por ello se verá como la legislación fue siempre un elemento primordial a desarrollar en Venezuela en el período estudiado.

[8]              La democracia liberal es la que se ha arraigado en el pensamiento y la práctica de la sociedad occidental y da cuentas del triunfo del liberalismo en la actualidad, así lo refiere Francis Fukuyama en su controversial  artículo “¿El fin de la historia?”, al desarrollar su tesis de que con la caída del muro de Berlín y el derrumbe de la Unión Soviética se dan los signos visibles de la entrada en “el fin de la historia” al ser la democracia liberal el punto de llegada de la teoría del progreso liberal.

[9]              Entre los teóricos clásicos liberales deben contarse a importantes pensadores como John Locke, Montesquieu, Adam Smith, Kant, Madison y John Stuart Mill.



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Apuntes sobre la idea de progreso (1) : La teoría liberal de Progreso de la modernidad como norma que dirige y hace inteligible el orden social


El verdadero instrumento del progreso radica en el factor moral.

Giuseppe Mazzini (político, periodista y activista italiano, 1805-1872)

Parte I: Introducción

La concepción de Progreso, como una de las ideas consolidadas durante el desarrollo del llamado Siglo de las Luces (siglo XVIII) con su culto a la razón, constituyó una fuerza motriz que definió en gran manera el redimensionamiento de los parámetros que estructuraban la civilización occidental. Entre mediados del siglo XVIII y a todo lo largo del siglo XIX la idea de progreso alcanza su máximo desarrollo. De hecho, la noción de progreso de la actualidad debe casi todo a ese período.

Si bien ya desde la Edad Media los elementos que fundamentan la idea de progreso[1] se comienzan a desarrollar –como, v.g., el cuestionamiento del dogma cristiano-, es a partir del siglo XVIII, luego de la eclosión de información y conocimiento producida por la génesis de la ciencia moderna en el siglo XVII, que los intelectuales del Siglo de las Luces vieron en los incipientes descubrimientos científicos el camino para el máximo perfeccionamiento de la humanidad. Los logros alcanzados, las promesas y la esperanza ofrecidas por la ciencia otorgaron confianza ilimitada en la razón humana como motor para lograr una mejora indefinida en lo sucesivo. A través de la razón, el hombre estaba –o se consideraba- en capacidad de vencer a las fuerzas de la naturaleza y comenzar un sendero ascendente en el que la idea de progreso estaría vinculada en lo sucesivo a la ciencia y sus aplicaciones técnicas. La visión del universo quedaba así completamente alterada, pues cualquier avance científico producido por el hombre, contribuiría no sólo a mejorar la calidad de vida sino incluso a alargar la vida misma.

Aunque los avances más influyentes de la ciencia no se darán en realidad sino hasta el siglo XX, en el siglo XVIII ya la humanidad consideraba que el camino de la ciencia y la razón era definitorio para el mejoramiento de la calidad de vida. La cosmovisión humana queda entonces modificada radicalmente al ser –o considerarse- la humanidad capaz de poder actuar sobre su cuerpo y sobre la naturaleza. Así, los seres humanos comenzaron a desechar la noción de que el objetivo primordial de la vida se encontraba en el futuro en el cielo mediante la salvación según la concepción del cristianismo, y se comenzaron a buscar, en otros medios -como la ciencia y la tecnología- los mecanismos que condujeran a obtener la felicidad aquí en la tierra. Y también la concepción de progreso se comenzó a relacionar a ideas como las de libertad, igualdad y el mejoramiento económico, todas ellas productos de la Ilustración y promovidas por la Revolución francesa en la cual la revolución se concibió de forma novedosa enfocada en comenzar de nuevo, en hacer tabla rasa a partir de 1789 de todo lo establecido previamente en territorio francés.

  


[1]              John Bury y Robert Nisbet en sus respectivas obras –ver bibliografía- ofrecen un detallado recorrido del desarrollo de la idea de progreso a lo largo de la historia de la humanidad. La mayor parte de nuestras referencias a la historia del ideal de progreso se basan en los análisis de estos dos autores, complementándolas con información encontrada en las demás fuentes consultadas.

Fuentes para desarrollar los apuntes sobre la idea de progreso:

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Leyes y Decretos de Venezuela(Tomos: I, II). Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de Ciencias Políticas y Sociales, 1982.

 

Liberales y conservadores. Textos doctrinales. Tomo I.  Pensamiento político del Siglo XIX. Caracas. Ediciones conmemorativas del bicentenario del natalicio del Libertador Simón Bolívar. Congreso de la República. 1983. vol. 10.

 

Liberales y conservadores. Textos doctrinales. Tomo II.  Pensamiento político del Siglo XIX. Caracas. Ediciones conmemorativas del bicentenario del natalicio del Libertador Simón Bolívar. Congreso de la República. 1983. vol. 11.

 

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Realizado por: Mery Pérez

Créditos
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Oxímoron: Final interminable


Final interminable

Esperando que termine
y no llega a terminar
un final interminable
que le hace suspirar

El oxímoron constituye una figura literaria en la que se usan dos conceptos opuestos en una misma expresión. La contradicción del oxímoron produce un nuevo significado metafórico. Es muy usado en la poesía, sobre todo en la poesía mística por lo trascendental de su objeto.
¿Se te vienen a la mente algunos oxímoron?

En la historia se han dado muchos casos de finales que parecen interminables. 
Coméntanos alguno de esos finales interminables o algún otro #oxímoron que se te ocurra #participa#quiz #EndlessEnd #history #historia #poesía #poema #octosílabo #poetry #oxymoron#passiveAnger #poem #poems #quotes #phrases

Nota: Esta publicación la hice previamente en Instagram. La migro a mi blog, añadiendo el poema ;).

Hiroo Onoda y el fin de la WWII

Droll history: una historia risueña




Hiroo Onoda y el fin de la segunda guerra mundial


Hiroo Onoda en la selva filipina en 1974: "La guerra para mi no ha terminado. La daré por terminada cuando me lo diga mi superior personalmente."

Hiroo Onoda en su lecho de muerte en 2014: "Uy, menos mal que mi superior estaba aún vivo en 1974, porque si no aún yo estaría en guerra."


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Hiroo Onoda (1922-2014), fue un oficial de la armada imperial japonesa, un teniente japonés que participó en la segunda guerra mundial, comprometido a tal punto con su deber militar que se negó a considerar finalizada la guerra hasta tanto no le fuera notificado personalmente por su superior. Así Onoda se mantuvo en guerra 29 años más, y -pese a que Japón anunció su rendición ante los aliados en la segunda guerra mundial el 15 de agosto de 1945 (después de los nefastos bombardeos nucleares en Hiroshima y Nagasaki) y la formalizó el 2 de septiembre del mismo año firmando su capitulación- no fue sino hasta el año de 1974 que Onoda dió por terminada la guerra al ser efectivamente notificado por su superior, Yoshimi Taniguchi, quien fue comandante durante la segunda guerra mundial. Esos 29 años Onoda los pasó oculto en la selva filipina donde había sido asignado para llevar a cabo una guerra de guerrillas. Fue gracias a la curiosidad e interés del ex-universitario japonés Norio Suzuki, um aventurero que se dio a la tarea de buscar varios "mitos", Onoda uno de ellos, y que efectivamente -y afortunadamente- lo encontró.

Onoda, por cierto, no fue el último soldado japonés en rendirse en la segunda guerra mundial. Meses después de conocerse el caso de Onoda en 1974, en diciembre de ese mismo año se supo de otro caso, el de Teruo Nakamura (1919-1979), un soldado de origen taiwanés (cuyo nombre taiwanés era Attun Palalin) perteneciente al ejército imperial japonés, que igualmente permaneció en la resistencia en las adyacencias de su lugar asignado durante la guerra, en su caso en la isla Morotai de Indonesia.

Se conocen como rezagados esos miembros del ejército japonés que se reusaron a rendirse y permanecieron en la resistencia mucho después del final de la guerra acaecido en 1945. Fue un grupo representativo del compromiso y disciplina de los japoneses. Quizá algún rezagado desconocido superó a Onoda y Nakamura, y la guerra se prolongó aún más allá de 1974 para él.








El fantasma de Trotski

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El fantasma de Trotski

Stalin en el Pravda del 6 de noviembre de 1918: "Todo el trabajo de organización práctica de la insurrección se efectuó bajo la dirección inmediata de Trotski, presidente del Soviet de Petrogrado. Puede decirse que el paso de la guarnición al lado del Soviet y la hábil organización del trabajo del Comité de guerra se los debe el Partido, ante todo y sobre todo, al camarada Trotski."

La cita anterior de Stalin "traducida" en 1953: "El camarada Trotski no jugó ningún papel en particular, ni en el partido ni en la insurrección de Octubre, y se puede decir que en el período de Octubre era un hombre relativamente nuevo"

El camarada Trotski al camarada Stalin: Camarada, ¡por la boca muere el pez!. Ya desde las falsificaciones  históricas de 1924 se lo había advertido.

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En el año 2005 tuve la oportunidad de visitar la casa en la que asesinaron a León Trotski, que está localizada en la ciudad de México. A la sazón desconocía la historia del asesinato de Trotski, y la información provista en la casa-museo fue muy completa y aleccionadora, me impresionó la brutal muerte y todas las artiñamas que fraguó Stalin para asesinar a su más importante oponente. Trotski no sólo perdió la vida por decisión de Stalin, sino que los cuatro hijos que tuvo fueron asesinados por el estalinismo de forma directa o indirecta. Una vida trágica la del revolucionario ruso, como trágico el destino de la Rusia aspirada por él y sus compañeros revolucionarios.

León Trotski (1879-1940) el político y revolucionario ruso de ascendencia judía, representó siempre una piedra en el zapato para Stalin, una amenaza latente que lo persiguió hasta la muerte de éste último, porque pese a haber concretado el asesinato de Trotski en la mencionada casa en México a manos de un militante estalinista, el fantasma de Trotski nunca dejó de perseguir a Stalin e incluso aún hoy día parece perseguir a la Rusia de Putin, junto con el fantasma de Lenin.

Trotski estaba llamado a ser el sucesor natural de Lenin en el liderazgo revolucionario ruso, por lo que se ganó automáticamente la enemistad eterna de Stalin. Es notorio y sabido que el estalinismo, como el vencedor que cuenta la historia, de todas las formas trató siempre de borrar cualquier vestigio del legado del leninismo en Rusia y más aún de los sucesores de Lenin como Trotski. Así, una sentencia "laudatoria" como la referida arriba de Stalin en 1918 sobre la participación de Trotski en la revolución de octubre y en el Soviet, degeneró en la segunda citada en 1953 -año de la muerte de Stalin- totalmente contraria a la primera.

La historia es manipulada por los vencedores de turno y hay que estar muy atentos a ello, no sólo para desenmascarar a los falsificadores históricos vencedores sino para tampoco elevar a los altares a los perdedores por el sólo hecho de serlos. Se debe buscar una historia objetiva, en la medida de lo posible de la objetividad, siendo que toda historia es elección como dijo Marc Bloch, logrando la objetividad en la subjetividad de la historia y buscando la verdad histórica interrogando al dato, pero sin tergiversarlo.

El fantasma de Trotski persiguió a Stalin siempre y éste sin duda manipuló la historia a su favor como hacen muchos poderosos. Vale la pena tener en cuenta la sentencia de Trotski en su  "Carta al Instituto Histórico del Partido. A propósito de la falsificación de la Historia de la Insurrección de Octubre, de la Revolución proletaria y de la Historia del Partido": "Ya hace tiempo que se ha dicho que un hombre que dice la verdad tiene la ventaja de no contradecirse nunca, incluso si su memoria no le responde, mientras que un hombre desleal, falso y sin escrúpulos, debe recordar siempre lo que dijo en el pasado para no cubrirse de vergüenza.". Quizá muchos, incluido Stalin, recuerden lo que ocurrió y lo que dijeron al respecto en su momento, pero como quieren negarlo, eliminan la evidencia que puede haber al respecto y la sustituyen por una a favor de su posición del momento. Allí entra el trabajo histórico de investigación e interrogación a los datos históricos.

A propósito de una serie de Netflix sobre Trotski, parece quedar en evidencia que el fantasma de Trotski y el de Lenin, persiguen incluso a la Rusia actual, que aún lucha por desaparecerlos para dejar bien al estalinismo.

Por otro lado, desafortunadamente, el fantasma de los "comunistas" recorre partes de América, como mi país, Venezuela. Los que aspiramos un mundo mejor y más justo, que somos la mayoría de los seres humanos, comulgamos con ideales probos, pero no con falsas promesas de libertad y justicia que han demostrado llevar a mayor injusticia y opresión. Queremos superar la injusticia, pero no con más de ella.


Las confesiones de Karl Marx

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Las confesiones de Karl Marx


Karl Marx en el prólogo a Contribución a la crítica de la economía política (1859): "...en la producción social de su vida, los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia."

Las hijas de Marx, Jenny y Laura, jugando el llamado juego de las Confesiones: Papá, ¿cuál es tu virtud favorita?

Respuesta de Karl Marx a sus hijas, Jenny y Laura, a la pregunta ¿cuál es tu virtud favorita?: La sencillez.

Las hijas de Marx, Jenny y Laura, a Marx: ¡Oh!, puede que sea tu virtud favorita padre, pero tú como que no la posees, porque poco se muestran en tus escritos.


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Karl Marx (1818-1883), el padre del materialismo histórico y el socialismo científico, uno de los teóricos y pensadores más importantes del siglo XIX, tuvo tiempo para compartir con su familia, pese a ser un escritor prolífico y un empedernido lector. Así quedó constancia según unos manuscritos que dejó su hija Laura, en los que refiere la participación de su padre en un juego llamado Confesiones que se encontraba en boga para la época,  allá por los años 60s del siglo XIX, y que hoy día tiene un equivalente en el llamado Cuestionario de Proust, el cual, supuestamente, permite conocer el carácter de una persona de acuerdo a las respuestas dadas a las preguntas propuestas.  

El legado teórico de Marx es apreciado por muchos y detestado por muchos otros, sobre todo basado en las doctrinas y sistemas políticos y económicos derivados del marxismo, como el comunismo como supuesta superación del capitalismo y su modo de producción. 

Debajo las respuestas de Marx al juego de las confesiones, el cual le respondió a sus hijas:

Virtud favorita: La sencillez.
Virtud favorita en el hombre: La fortaleza.
Virtud favorita en la mujer: La debilidad.
Su rasgo principal: La unidad de propósito.
Idea de la felicidad: Luchar.
Idea de la desgracia: La sumisión.
El vicio que más excusa: La credulidad.
El vicio que más detesta: El servilismo.
Aversión: Martin Tupper  (escritor británico).
Ocupación favorita: Ratón de biblioteca.
Poeta favorito: Shakespeare, Esquilo, Goethe.
Prosista favorito: Diderot.
Héroe favorito: Espartaco, Kepler.
Heroína favorita: Gretchen (personaje del Fausto de Goethe).
Flor favorita: Laurel
Color favorito: Rojo.
Nombre favorito: Laura, Jenny.
Plato favorito: Pescado.
Máxima favorita: Nihil humani a me alienum puto (Nada humano me es ajeno).
Lema favorito: De ómnibus dubitandum (Hay que dudar de todo).



Temas a elegir:

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